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Convento de los Jerónimos

Espeja de San Marcelino (Soria)

 

           

convento jeronimos

Esta Fundación se asienta en la provincia de Soria, partido judicial de El Burgo de Osma, Diócesis de Osma (hoy Osma-Soria).

 

Con el nombre de Nuestra Señora de Espeja, la obra del convento nace en Guijosa, población que pertenece al ayuntamiento de Espeja y, por ello, el nombre del monasterio. Situado en su término, Guijosa limita al N. con Espeja y La Hinojosa; al E. con Orillares, Muñecas y Fuencaliente; al S. con Zayuelas y al Oeste con Quitanilla de Nuño Pedro. Se sitúa: 41º 45’ 25’’ N y 0º 27’ 10’’ E. Su altitud 976 m. y 98 habitantes censados en 1996.

 

Los dominios del monasterio pertenecerían a la provincia de Burgos hasta 1833 que, con la nueva división civil de Javier Burgos, pasan a ser de la provincia de Soria.

 

Resulta apasionante conocer, de alguna manera, pequeños detalles de una realidad casi inexplicable en su concepción pero, una vez plasmada, cómo es posible comprender que, solamente la desidia y el abandono humano, amén de decisiones políticas, presagiaran tal final.

 

La obra revestía tal magnitud que cualquier adjetivo o figura literaria representaría una pálida expresión de tanta magnificencia. El principal exponente de esta institución surge de la Fundación Jerónima en sí. Una comunidad que se emplea de día y de noche en alabar a Dios, cantar los salmos y celebrar con singular devoción los oficios divinos. La disciplina, la oración, el canto, el trabajo, la meditación, el estudio y conocimiento, especialmente de la Naturaleza, como expresión de Dios, la hospitalidad y comportamiento con nuestros semejantes etc. constituyen algunos pilares de esta Orden.

           

Pero nadie lo puede sintetizar mejor que el gran historiador de la Orden de San Jeronimo, Fray José de Sigüenza en su «Historia de la Orden de San Jerónimo» (Madrid, 1907 y 1909). Llegarse a unir con Dios olvidando todo lo del suelo y cuanto no es eterno (I, 249). Las demás santas religiones podemos decir que se hicieron para los hombres, ésta -la de San Jerónimo, y en general todas las órdenes monásticas- parece que sólo se hicieron para Dios.

 

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FUNDACIÓN.

 

Año 1402, Pedro Fernández de Frías, Obispo de Osma (1379-1410) y después Cardenal de Santa Práxedes (1394-1420) decidió erigir el monasterio de San Jerónimo en Guijosa, alrededor de la ermita de Santa Águeda donde ya vivían algunos ermitaños. El convento se terminó el año 1403 y lo habitaron veinticinco monjes de la Orden de San Jerónimo.

           

El obispo D. Pedro, además de una obra piadosa, con el convento jerónimo quiso tal vez dar satisfacción al entonces rey Enrique III. En la escritura de donación hecha al Monasterio le dota a éste de bienes materiales «...et considerando que non deben mendicar demos et facemos donación perpetua sin condición alguna al dicho Monasterio de las heredades que Nos habemos en Pennaranda del dicho Obispado, así en tierras et vinnas, et huertas, et prados, pastos, montes, casas, solares, et molinos, et aguas, et calces, et pozos, et fuentes...» de tal manera que los frailes de San Jerónimo no tengan que mendicar y así puedan entregarse al servicio de Dios, cumpliendo con los divinos oficios e irradiando espiritualidad en los habitantes de la comarca. Esta escritura de donación de bienes al Monasterio tiene lugar en Segovia, 2 de septiembre de 1402: tales bienes corresponden a propiedades que el Obispado tiene en Peñaranda y que no sobrepasaban el valor de la cincuentaba parte del montante patrimonial del Obispado.

 

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Con las bulas de Benedicto III, año 1413 y en 1420 de Martín V, se consolida la fundación y desde la institución se atiende a lo espiritual, social y cultural.

           

El cardenal D. Pedro Fernández de Frías,

por desavenencias con el Obispo de Segovia D. Juan de Tordesillas, perdió la simpatía del Rey Enrique III y sufrió el destierro a Roma. Falleció D. Pedro en Florencia el 9 de septiembre del año 1425 donde recibió sepultura. Cinco años más tarde trasladaron sus huesos, cumpliendo así su voluntad, a la catedral de Burgos.

           

Como benefactor preferente hacia el Monasterio aparece D. Diego de Avellaneda, provisor de Osma y Obispo de Tuy (1525-1537). Siguiendo a Vicente Núñez Marqués: «Historia del Obispado de Osma.» (pp. 112,113 y 114) D. Diego dejó el patronato a D. Bernardino González de Avellaneda, señor del lugar de Valverde de este Obispado.

           

Otros muchos personajes, de estirpe y con cargos representativos de elevado poder, prestaron su  ayuda a este centro religioso y decidieron reposar en su iglesia a su fallecimiento. Auténticas maravillas las obras fúnebres cinceladas por artistas de la piedra, canteros reconocidos como los más prestigiosos del momento.

 

Sepulcro de Don Diego de Avellaneda e Isabel Proaño.

 

Señores de linaje que decidieron su enterramiento en esta Iglesia. A la entrada de la sacristía se hallaba una estatua de un caballero con armadura, arrodillado, toda ella de marmol y con un escudero detrás sosteniendo el morrión. En el escudo de armas aparecían dos lobos cebados con dos cabritos que representaban el blasón de la Casa de Haro y Señores de Vizcaya y en el otro campo un castillo con cinco perros por orla del escudo. Al pie del sepulcro se leía la siguiente inscripción: «Aquí yace el noble caballero Diego de Avellaneda y su muger donna Isabel Proaño» Estos fueron los padres del Obispo D. Diego. La obra pertenece al artista de los más reconocidos en ese tiempo, Felipe Vigarny.

           

 

Sepulcro de D. Lope de Avellaneda.

Situado al lado del evangelio, enfrente de D. Diego de Avellaneda e Isabel Proaño, antes descrito, se levanta un enterramiento más sencillo, de líneas más clasicas, con una urna de alabastro y estatua yacente; la cabeza, que representa a D. Lope de Avellaneda, descansa sobre unos almohadones y en la parte baja aparece la inscripción «Aquí yace D. Lope de Avellaneda, Comendador de Aguilarejo, Gentil Hombre de S.M. y su vehedor general de la armada de Vizcaya. Falleció el 2 de octubre de 1586».

           

En la escritura de compromiso aparece, como cantero, Juan Antonio Maroja, residente en El Escorial

 

 

 

Sepulcro de D. Diego de Avellaneda, Obispo de Tuy.

 

Este magnífico sepulcro corresponde al Obispo de Tuy. Vestido de pontifical, con mitra y guantes; de rodillas, sobre un reclinatorio, le acompañan dos santos (San Juan y Santa Catalina) y un acólito con sobrepelliz que sostiene el báculo episcopal. El escudo que aparece formando parte del conjunto, consta de dos cuarteles: en uno se ven dos lobos cebados en campo rojo y en el otro trece roeles con una orla alrededor de siete aspas. En forma de círculo, coronando la tumba, aparece la Virgen con el Niño.

           

En la inscripción se lee: «Aquí está sepultado el ilustre R.S. D. Diego de Avellaneda, Obispo de Tuy y Presidente de Granada. Falleció el año MDXXXVII».

La obra se debe al  magnífico cantero Felipe Vigarny, autor del sepulcro ya citado de D. Diego de Avellaneda y su mujer Isabel Proaño.

           

Tal como refiere Loperraez, en el Monasterio se conservaba un estandarte de la nave Capitana cuya donación se debía a D. Bernardino de Avellaneda. Decía así: «Para memoria del Ilustre D. Bernardino de Avellaneda, caballero del ábito de Calatrava, Comendador en su Orden, Gentil-hombre de su .Majestad, Virrey de Navarra, Asistente de Sevilla, Capitán General de las Galeras de España y primer Conde de Castrillo». Las armas de tan ilustre personaje: Lobos con trece roeles y con la leyenda «Dextera Domini fecit virtutem. Dextera Domini exaltavit me. Psalm. 117».

           

Por este convento pasaron religiosos muy ilustres. Pero antes de continuar, un breve inciso para hacer expresa referencia a D. José Vicente de Frías Balsa, Tutor de Paleografía de la UNED en Soria.  Sus numerosas publicaciones sobre los Jerónimos de Guijosa le hacen acreedor de un profundo conocedor del tema. Concretamente me remito a su colaboración «Los Jerónimos de Espeja» aparecida en NORMA NEWS. Boletín informativo de empresa núm. 41. Marzo 2008. Pag. 20-21.

           

Compartiendo la vida comunitaria de esta casa Fray Domingo de Villaescusa llegó a General de la Orden (1639), dos años después Obispo de Chiapas (1641) y, debido al informe que hizo de él Juan Palafox, fue alzado a la diócesis de Yucatán (1652). Al morir dio al Monasterio cuanta plata tenía en su oratorio, la mayor parte de ella sobredorada. Otro nombre, Fray Francisco de Santa María (llamado Francisco Antonio de la Fuente antes de tomar los hábitos) desempeñó el cargo de Maestro de Capilla de la Catedral de Osma y escribió el tratado: Dialectos músicos en que se manifiestan los más principales elementos de la armonía, impreso en Madrid en el año 1778 por la Imprenta Real.

           

También algunos Obispos Oxomenses demostraron su afectividad por esta casa. Valga la mención a Honorato Juan de Tristull (1564-1566) y Juan de Palafox y Mendoza (1654-1659). Éste, con motivo de la visita pastoral a los pueblos cercanos al Monasterio, al atardecer del tres de junio, decidió pasar la noche en el convento de Guijosa. Allí se le apareció San Jerónimo que le comunicó su pronta muerte. Cuatro meses después, uno de octubre de 1659, falleció el Venerable Palafox en el palacio episcopal de El Burgo de Osma.

           

En el interior de la iglesia, y a ambos lados del altar mayor, sobresalían de la pared las rejas doradas de las ventanas que se comunicaban con el palacete de los Condes de Castrillo y desde aquí éstos oían la Misa. También hay que atribuir a los citados Condes de Castrillo la obra de la cripta subterránea... « A un lado (según Loperraez Corvalán, Juan) y al otro del presbiterio hay dos balcones dorados por donde pueden oir misa desde su cuarto los Condes de Castrillo, por estar contigüo a dicha capilla un regular palacio, que debajo de el y el presbiterio de la capilla mayor tienen boveda para los entierros de sus patronos y sus hijos, entrándose en ella por la antesacristía al rededor de la capilla mayor y en el friso de la cornisa hay escrito una memoria de letras mayúsculas dadas en negro, que dice lo siguiente: «ESTA CAPILLA Y CRUCERO DE LA REJA ADENTRO, DOTO, REEDIFICO, Y ACABO DE SUS PROPIOS BIENES EL ILUSTRE D. DIEGO DE AVELLANEDA, OBISPO DE TUY, Y PRESIDENTE DE LA REAL CHANCILLERIA DE GRANADA. SON PATRONOS UNICOS EL EXMO. SEÑOR CONDE DE CASTRILLO, VIRREY Y CAPITAN GENERAL DEL REINO DE NAVARRA, Y SUS SUCESORES PERPETUAMENTE EN SU CASA Y MAYORAZGO. ACABOSE ESTA OBRA AÑO MDCXXVIII.»

           

A los pies de la ancha nave se ubicaba el coro, elevado. En él se había instalado la sillería de nogal, en doble fila: 35 sitiales bajos y 43 altos, un facistol, un órgano grande con caja dorada y treinta y tres cantorales.

 

        

       

 La Botica.

           

En la pared del coro de la iglesia, en el exterior de la misma se adosó una construcción donde se alojaba la botica y se accedía a ella a través de una puerta que daba directamente a la calle. Así, dado que el servicio se prestaba a cuantos lo necesitaran tanto durante el día como a cualquier hora de la noche y al tratarse de una estancia alejada de los lugares comunitarios, no se molestaba la rigurosa disciplina monacal.

           

El centro abastecía a numerosos pueblos y al tratarse de un centro muy reconocido por sus variedades y calidad, a veces llegaban gente de lugares muy lejanos. Los monjes tenían un profundo conocimiento de las plantas, hierbas medicinales, insectos etc.. Salían al campo y recogían aquellas especies capaces de sanar a tantos enfermos. Una vez seleccionadas las metían en tarros de cerámica, (talaverana, aragonesa...) recipientes de cristal opalino o de otros materiales. Todos ellos, principalmente las vasijas de barro, ricamente pintados con sencillos trazos que imitaban hojas, ramas, flores etc. en los colores azul marino, celeste y ocres amarillentos, en todos aparecía el león, como distintivo de la Orden de los Jerónimos, amén del nombre botánico que contenía el recipiente. 

           

Adosados a la pared, casi en número infinito, estantes, anaqueles rellenos de tarros, vitrinas con su interior repleto de variados objetos. Un mostrador para servir y una escalera para acceder a las partes elevadas.

           

La botica, tan completa en remedios para la salud, hace que los propios ayuntamientos, con el fin de tener la garantía de los servicios, formalizaban escrituras por un precio acordado con el Monasterio y éste, a su vez, se comprometía a suministrar los productos solicitados por el galeno o sanador.

           

Aún hoy día, en las tierras cercanas donde se hallaba esta botica aparecen abundantes fragmentos de cerámica.

 

                     

 

 

 Cantorales.

            

Como una de las ocupaciones culturales y artísticas de la comunidad se ha de mencionar el taller, lugar donde se elaboraban los cantorales miniados, algunos de grandes dimensiones que ocupaban el facistol de tantos coros de catedrales y abadías, salidos, por encargo, de este Monasterio. Hojas de pergamino (agnus non natus) cuidadosamente tratadas, notaciones musicales, rúbricas y textos litúrgicos con exquisita grafía y en la letra capital la virtuosa representación de una estampa bíblica, miniaturas de vivos colores y sugestivos adornos entrelazados con orlas y trazos caprichosos. Toda una sinfonía pictórica propia de auténticos maestros y la singular destreza en el uso del pan de oro. Estos cantorales, tanto en su interior como en la forma externa, corresponden a obras incomparablemente únicas. Las miniaturas proceden de la mano del Maestro de Osma.

 

Y al llegar aquí es obligada la cita «Cantorales gregorianos del Monasterio de los Jerónimos de Espeja (Soria)» por Mercedes Rubio Condado. Trabajo, de gran valor, publicado en XIV Centenario Diócesis Osma-Soria. Premios de Investigación. Edita: Excma. Diputación Provincial de Soria. 2000.

           

Otra obra que no podía faltar, dado el acierto del momento y la no menos brillantez de su contenido, corresponde a «Cantorales del Monasterio de San Jerónimo de Espeja. Catedral de El Burgo de Osma». Estudio y Catálogo. por Anna Muntada Torrellas, (profesora titular de la Universidad Autónoma de Barcelona) y Juan Carlos Atienza Ballano (canónigo director de Museos de la Catedral de El Burgo de Osma). Edita: Cabildo S. I. Catedral de El Burgo de Osma.2003. Con motivo del Centenario de la Fundación del Monasterio de San Jerónimo de Espeja (cfr.. Boletín Oficial del Obispado 2002, pp. 224-227) se celebraron diversos actos en los pueblos limítrofes al referido Monasterio y a través de este Estudio y Catálogo podemos valorar la riqueza del patrimonio catedralicio

 

 

 

Momentos difíciles y desaparición del Monasterio Jerónimo.

Con la implacable ley desamortizadora, de modo especial la de Mendizabal, la decadencia del Monasterio resultó decisiva. Desapareció gran parte de sus numerosas obras de arte. Un edificio de 7500 varas cuadradas, (se incluye también la iglesia y el corral) y que según Frías de, Balsa, op.cit.«en el piso bajo se hallaban tres claustros y sus patios de las procesiones, de la cocina y de la portería; portal, segundo portal, cuadra, botica y botiquín, cuarto del portero, granero, la habitación de las maderas, librería, un pasillo para salir al corral, refectorio con su despensa y bodega; paso para la cocina con tres piezas interiores, dos recibidores para entrar a las escaleras, leñera y carbonera. En el primer piso desembarque de escaleras, en los tránsitos o pasillos a los patios y entrada a las habitaciones, siete celdas, sala de la granja, cuarto de monecillo, tres piezas de hospedería y un corredor. En los otros pisos las mismas habitaciones con distintos nombres. La huerta, en 1844, tenía hasta doscientos veintiocho árboles (Frutales y olmos), palomar y casillo para el hortelano.»

En el inventario de 1821 aparece una relación muy detallada, tanto de obras de arte como de las meramente ornamentales, carentes de valor. El escritor Zamora Lucas, Florentino «La desamortización en la provincia de Soria. El Monasterio de Espeja desaparecido en nuestros días». Celtiberia, 1956. detalla la relación de bienes recogida por él.

           

Del rico patrimonio del convento, parte se repartió por las parroquias de Guijosa, Espeja, Orillares, La Hinojosa, etc, otras muchas desaparecieron o se deconoce su paradero.

           

Las exclaustraciones que se inician en 1834 arruinan a los conventos y con ello desaparecen las órdenes religiosas. Con la venta de los bienes monacales, ávidos compradores incrementan sus fortunas y los bienes (Tierras de labranza, prados, montes, lugares de pastoreo...) dejaron de ser rentables para los trabajadores; sí, en cambio, para las manos de los nuevos dueños.

           

 

Año 1904. Robo de cuadros en el convento de Guijosa.

En el año citado, día 5 del mes de julio D. Emilio Ayuso, «El Tempranillo» se encontraba en su huerto regando las hostalizas. Como quiera que se hallaba muy próximo al convento observó que había luz y ruidos extraños en el interior de la iglesia. Se acercó con el mayor sigilo y, al asomarse por una ventana, vio cómo varias personas descolgaban cuadros de las paredes del templo. Me imagino con qué rapidez se acercó al pueblo (1 Km. de distancia aprox.) para dar parte a los vecinos, autoridades y a la Guardia Civil de Alcubilla de Avellaneda. Todos los vecinos de Guijosa acudieron de inmediato, disponiendo de algunas armas. Ya en las inmediaciones rodearon el edificio para impedir la huida de los malhechores a quienes instigaron para que se entreTal como publicaba «El Avisador Numantino» de 10 de julio de 1904 los ladrones se resistieron dentro de la iglesia hasta que llegó la Guardia Civil a la que se entregaron. A la vez los guardias recuperaron los lienzos, algunas armas y herramientas: una pistola de dos cañones, cargada, calibre 15, un cuchillo, una navaja de grandes dimensiones, un escoplo, dos limas de triángulo y una reja de arado con la que abrieron la puerta y cuatro caballerías menores. Los identificados

     

Antonio y Juan Borja, Pedro Jiménez y Fernando Izquierdo. Los cuatro rollos de lienzo cortados y separados de sus marcos y, que hasta ese momento colgaban de las paredes, pertenecían a épocas muy pasadas y el valor de estas pinturas se consideraba muy alto.

           

Uno de los lienzos representaba a Santa Teresa de Jesús, La Purísima Concepción otro, el tercero San José y el cuarto una representación no identificada pues el tiempo había estropeado parte de la pintura.

           

 La puerta mostraba evidentes desperfectos y lo mismo ocurría en la sepultura de D. Lope de Avellaneda.

           

Mas tantos robos cometidos a diario, aunque no tan frecuentes a lugares sagrados, hubieran llevado el eco tan lejos de no haberse encontrado entre los infractores la persona de Fernando Izquierdo Jáuregui. Nacido en Castrillo de la Reina (Burgos), su formación cultural y posición social se diferenciaban de los otros compañeros. A Fernando le elevó la leyenda. Se le consideró héroe de una narración fantástica basada en unos hechos reales pero casi inverosímiles y por eso la Sala de la Audiencia se halló invadida de público en la vista allí celebrada.

           

Intervinieron en la causa el Sr. Fiscal D. Felipe Gallo, en representación del Ministerio Público y el abogado D. Sotero LLorente y el procurador D. Rafael S. de Robles, ambos representando a los procesados. El Fiscal estimó tres delitos en los hechos que les imputaron: de hurto consumado, uno, otro de robo frustrado y el tercero de intento de violación de un sepulcro. El abogado defensor estima que, en tales hechos solamente se apreciaba un delito de hurto frustrado.

           

OCURRIÓ que estando cenando en Fuentearmegil los gitanos Pedro Antonio Borja Hernández, Juan Borja Cortés, Pedro Jiménez Borja, con el apodo de conejo y Fernando Izquierdo Jáuregui, éste comentó que una persona de Madrid le había ofrecido una propina si le conseguía unos cuadros colgados en la pared de un convento abandonado de Guijosa y cuando terminó la conversación, Fernando prometió a sus tres compañeros darles diez duros para comprar un borriquillo si le ayudaban a conseguirlos. Acordaron ir adelante hasta consumar la idea y se encaminaron hacia el lugar, viéndose obligados a pernoctar en Muñecas al verse sorprendidos por una peligrosa tormenta.

           

Al día siguiente recorrieron el largo camino y llegaron al convento cuando ya era de noche. Sirviéndose de una escalera que había en la iglesia descolgaron los cuadros, cortando los lienzos y separándoles de los marcos.

 

Al salir se encontraron con la sorpresa de verse rodeados por los vecinos de Guijosa que, a toda costa, querían apoderarse de los ladrones, pero éstos se resistieron permaneciendo dentro del convento, con el compromiso de entregarse cuando llegara la Guardia Civil.

           

A la pregunta a los procesados de cómo entraron al convento, las declaraciones, casi unánimes, coincidieron en la respuesta: la puerta estaba sujeta por una simple piedra que empujándola se podía entrar sin producir violencia alguna.

           

El componente más curioso se centró en la persona de Fernando Izquierdo Jáuregui; en él se daban cita, formación, cultura, economía ... y la pregunta, que a todo el mundo le surge, nace del por qué cambió tal bienestar por una vida errante, de privaciones y un constante sacrificio. Bién pudiera darse una respuesta: el amor por una gitana. Titulado en derecho por la universidad libre de Burgos, ocupó el cargo de Vice-Rector en esta Universidad, donde, además, impartía las asignaturas de Derecho Penal, Historia Crítica de España y Economía Política. Él manifestó ser abogado aunque no ejercía pues ahora su profesión era la de gitano como sus compañeros.

           

A la pregunta a Fernando de cómo sabía que existían en el convento tales cuadros y el valor de éstos, respondió que una persona de Madrid le ofreció una propina por ellos si es que aún se hallaban  allí,  pues el convento ya había sufrido anteriormente algunos robos.

           

 El Tribunal condenó a Fernando a seis meses de arresto mayor y suspensión de todo cargo público pues el atenuante mayor, aportado por el abogado que le defendió, lo basó en que su defendido tenía mermadas las facultades mentales y, de ahí naciera, el que sus actos carecieran de responsabilidad y a los otros tres a un año de correccional y al pago de una cantidad del valor que los peritos del Tribunal dieron de los cuadros: 275 ptas.

           

De todo cuanto floreció a partir de 1402, del esplendor, de la vida activa, cultural, artística y envidiablemente espiritual; de la ayuda y generosidad hacia este incomparable Monasterio mostrada por nobles ilustres y poderosos señores quienes no dudaron en entregar sus bienes en vida con el deseo de reposar aquí sus cuerpos tras la muerte; de la expansión y progreso que este centro proyectó al exterior y tanto representó para la comarca; de todo ello, los sepulcros ya arrancados en 1931, la iglesia desnuda de sus riquezas, según Zamora Lucas algún Greco, de los objetos y obras, que ayer admiraron al mundo, hoy, sí, de todo ello, unicamente queda desolación y un impotente recuerdo. Y, a modo de contraste, el comportamiento pintoresco de Fernando, abogado y hombre de leyes, al que el pueblo, convertido en juglar y romancero inmortalizó con sus versos;

           


A mi gitana yo se lo digo

y ella me dice: vente conmigo;

vente conmigo que yo te quiero

porque tú vales más que el dinero.

 

            Y, por la mañana

cuando me levanto,

miro a la petaca

!No tengo tabaco!

no tengo tabaco

no tengo papel

ni tengo dinero

ni quien me lo de.

 

            Y ella me dice,

con gran salero,

vente conmigo

que yo te quiero

porque tú vales

más que el dinero.

 

            Al «Peluca» de Muñecas

una reja le han quitado

para robar el Convento

las estampas se han llevado.

 

            Al «Temprano» de Guijosa

que de apodo le llamaban,

se fue a regar a la huerta

a las dos de la mañana.

 

            Y, al pasar por la tapia

se quedó muy sorprendido

al ver luz en el convento

y al oir dentro gran ruido.

 

            Y, sin pérdida de tiempo

corriendo al pueblo marchaba

para dar cuenta al Alcalde

robando el convento estaban.

 

            Era un Guardia retirado

el tío «Hostias» le llamaban

era un hombre de respeto

una pistola llevaba.

 

            Enseguida reunió

a los mozos de su pueblo,

con orcas, palos y sogas

se fueron para el convento.

 

            Con voz  profunda y serena

el alcalde profirió:

Todos los brazos en alto

salgan que los vea yo.

 

            En total cuatro gitanos

son los que había dentro

que atados uno por uno

del lugar fueron saliendo.

 

            El primero que salió

fue Fernando el abogado

contando miles historias

de este robo frustrado.

 

            !Ay Temprano, Tempranito!

quien te hubiese barruntado

que por el bujero estabas

observando y asomado.

 

            Y ella me dice,

con gran salero,

vente conmigo

que yo te quiero

porque tú vales

más que el dinero




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