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Carta Puebla

  

 

  

  

carta puebla

Fueros del Concejo de San Leonardo,

dados por el abad de San Pedro de Arlanza.

  

    

Carta Puebla o Fuero de San Leonardo. Tras negociaciones con la Dirección del Palacio de Liria, Fundación Casa de Alba, hace pocos días remitieron al ayuntamiento reproducción electrónica del citado documento. Solamente aludir a la fecha de su aparición, año 1220 y que, más adelante, se hablará de su contenido.

 

            La pregunta inmediata que surge al relacionar los Fueros de San Leonardo con un monasterio benedictino resulta más que razonable. Al final del reinado de Alfonso VIII, año 1213, el abad don Pedro (1209-1222) engrandecía el monasterio anexionando San Leonardo a Arlanza y haciendo de esta ciudad pinariega un centro comarcal. La donación regia enumera y subraya por su interés el barrio de comerciantes y mercaderes donde estaba situada la aduana con el nombre de «burgo de San Leonardo» y las localidades de Arganza, Casarejos (diminutivo de casares, sinónimo de aldea), Vadillo, Río Lucia, Cañicera, Hontoria, San Cristobal, Costalago, San Felices, Quintanar, Villagudmer, Regumiel, Canicosa y Revenga. («damus... burgum sancti Leonardi, Argantiam, Casareios, Vadellum, Rio Luzia, Canizera, Fontoria, Sanctum Chistoforum, Costam del Lago...) 23 de agosto de 1213 ( Serrano. Cartulario de San Pedro de Arlanza).

 

            El abad don Pedro había conseguido de esta forma una base territorial con suficientes núcleos de población y términos para erigir un señorío teniendo a San Leonardo como titular de Villa y Tierra. Un señorío de abolengo dependiente del monasterio de San Pedro de Arlanza en lo espiritual y temporal.

 

            Fuero de San Leonardo. La palabra fuero procede del latín forum=Fuero. Los contenidos del mismo responden a privilegios o tratos particulares de que gozan algunas ciudades o pueblos.

 

            El Fuero Juzgo Castellano simboliza nuestro pasado, los usos y costumbres, mayor conocimiento del lenguaje y un acercamiento más profundo a la historia y jurisprudencia.

 

            Las Cartas Pueblas nacieron como un documento en el que se reflejaban las condiciones entre los nuevos pobladores, principalmente en el Alto Duero, y el señor de la tierra. En estas cartas se establecen las bases que han de mediar entre los reyes o señores y los nuevos colonos: Extensión, duración de los títulos, rentas o tributos y, en ocasiones, privilegios económicos.

 

            En cambio, otras cartas contenían reglas de comportamiento entre los vecinos de un lugar, bajo el prisma de responsabilidades civiles, penales o jurídicas.

 

            Largo tiempo el Fuero Juzgo marcó las pautas en las poblaciones, alcanzando con Alfonso II, el Casto, la mayor expansión. De forma generalizada, este Fuero, se aplicó desde los primeros siglos de la Reconquista.             Posteriormente, a medida que surgieron los Fueros municipales, el Fuero Juzgo se fue debilitando, aunque Alfonso XI lo otorgó a Toledo en el año 1101. Redactado únicamente en latín, con el paso de los años se cambió a la lengua romance.

 

            Tal como se ha dicho los Fueros Municipales recogieron la legislación especial de los municipios. Cartas surgidas de la soberanía de los monarcas o de los señores que resumían las disposiciones políticas, administrativas, civiles, penales y procesales.

 

            Por sí mismo el referido Fuero Juzgo da a conocer los aconteceres históricos de los tiempos e ilustra los orígenes de nuestra lengua romance, la evolución progresiva y como único Código representó el fundamento del derecho durante muchos siglos y en él se ilustraron tantos doctores en leyes y magistrados. De la aplicación y observancia de tales principios la convivencia ciudadana resultaba más sencilla.

 

            En ocasiones se escucharon desatinados pareceres por haber consultado algunos códices de poca altura y con cierta ordinariez. Tales criterios carecen de sustento, pues la información de mayor erudición y nivel se apoya en las bases del conocimiento de los más sencillos principios, de donde, al discurrir de los años fluye el progreso.

 

            Encierran gran importancia las palabras de San Isidoro cuando dice que los godos, anteriormente a Eurico, se gobernaban por usos y costumbres, moribus et consuetudine, entendiéndose por mos  la ley no escrita.

 

            Con el reinado de Leovigildo, año 610, se conquistaron nuevas tierras, se recopilaron las leyes visigodas y, según algún cronicón, Leovigildo, distinguiéndose de sus antecesores reyes godos, que se confundían  con el pueblo en el vestir y representaciones sociales, él, probablemente para dotar a la dignidad real de una distinción y respeto, se adornó con vestimentas, corona, ornamentación y sitial.

 

            En el Concilio toledano cuarto, en la edición 66 de los obispos, en presencia del Rey y en el tercer año de su reinado, año 671, ante la pregunta de: ¿Qué es ser Rey?, la respuesta lo define así: Aquel que gobierna con piadosa moderación. Y no se puede regir con equilibrio si no tiene un grado de comprensión. Cuando el rey actúa con rectitud se le conoce como una persona benigna; cuando se extralimita se le considera miserable. Tal era el proverbio de los mayores: Rex ejus eris si recta facis, si autem non facis non eris. Las principales virtudes de un rey: La justicia y la verdad. La piedad en los reyes se ensalza más que el mismo oro, porque la justicia, ya por sí misma, es verdadera.

 

            Tanto en latín como en lengua vernácula el Fuero Juzgo contempla cualquier supuesto de materia civil como penal y la jurisprudencia que aplica, ajustada a derecho natural y lógico, es una clara muestra de sensatez y de un equilibrio irrefutable.

 

            Ajustándonos al Fuero de San Leonardo, decir que en la Gran Enciclopedia Espasa (tomo 21, pág. 795) ya aparece el documento con el subtítulo al pie de «Fueros del Concejo de San Leonardo».

 

En la publicación de Carmelo Rubio de la Iglesia: San Leonardo: Historia y Cultura. 1996, además de una reproducción fotográfica del original, se da una explicación del contenido: «No es una carta puebla en el sentido propio de la palabra. El Fuero de San Leonardo da, por supuesto ese documento institucional. (Portillo Capilla, Archivero Diocesano, Diócesis de Osma-Soria).

            Es un código de convivencia ciudadana que el abad don Pedro promulgó, como señor de San Leonardo, en 1220 con el asentimiento del Concejo de la Villa. Menéndez le titula: Fueros del Concejo de San Leonardo, dados por el abad de San Pedro de Arlanza.

            En este documento prevalece el concepto jurídico-penal con modificaciones sustanciales del rigor justiciero medieval, quedando abolida la pena de muerte para los homicidas. En su lugar y para los que atenten contra la integridad física de las personas, ya sea con espada, piedra, palo o hueso, establece sanciones económicas con unas tasas que oscilan entre uno y treinta maravedís según la magnitud y gravedad del delito, que cobrarán por partes iguales, el denunciante, el señor de la Villa y el juez y los jurados. Firman el fuero don Pedro, abad de San Pedro de Arlanza, los monjes Pedro Martínez, mayordomo y Martín Peydres, sacristán y el Concejo de San Leonardo, de que da fe el escribano Gómez.

 

            Lo verdaderamente trascendental de estos fueros responde al nuevo proceder jurídico en aras a las prerrogativas del señorío de San Pedro de Arlanza y Concejo de Villa y Tierra, en beneficio del común de los vecinos.

 

 

 

 

  

 

 

 

 

   

 

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